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La siguiente crónica nos la envía nuestra voluntaria Elena Luna, que se encuentra ahora mismo en Tanzania colaborando en nuestro proyecto para la Disminución de la MGF y los Matrimonios Forzosos en Simanjiro, en la región de Manyara.
 
Recordamos que este proyecto se dirige a la prevención de estas formas de violencia contra las mujeres y las niñas a través de dos componentes principales: la educación de las niñas y niños desde edades muy tempranas y la puesta en marcha de actividades productivas para promover la autonomía de las mujeres de la comunidad local, entre las que sin duda destacan las Pulseras Masai contra la MGF.
 
Se trata de un relato que nos ha emocionado especialmente y que describe, de una forma muy personal y especial, la experiencia que supone vivir de cerca el sentido y el valor de la labor que realizamos para ofrecer protección y ayuda a niñas en situación muy vulnerable.
 
Gracias por formar parte de ello, Elena.

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Creo que hoy es un día de esos de los que no se pueden olvidar jamás, de esos que de un modo u otro cambian la vida de la gente, que se graban a fuego en tu cerebro y que transforma para siempre tu manera de ver el mundo, la vida en sí misma, el valor de las cosas.
 
Esta mañana, estábamos en el Centro de Simanjiro preparándonos para volver al centro de rescate de Moshi, ha aparecido una de las niñas con las que habíamos hablado ayer, con su madre, pidiéndonos entre lágrimas que nos lleváramos a su hija (de unos 12-13 años, no más), porque su marido quería casarla para que le dieran 5 cabras… La explosión de emociones que he sentido, son difíciles de trasmitir, alegría porque podíamos salvar a una niña, tristeza, porque una madre tiene prácticamente que renunciar a ver y cuidar a su hija para salvarla, esperanza, porque una niña salvada es un logro y supone un cambio exponencial en esas comunidades.
 
Cuando le confirmamos a la madre que nos hacíamos cargo de su hija y que nos la llevaríamos al centro de rescate para protegerla y proporcionarle la posibilidad de ir al colegio, nos pidió que volviéramos con ella a la aldea, y habláramos con su marido para que no le pegara por entregarnos a su hija.
 
Confesiones como esta, están al orden del día entre estas mujeres, no sólo sufren la mutilación, los matrimonios tempranos, la dependencia total de maridos que además, practican la poligamia, sino que además, se ejerce la violencia física sobre ellas.
 

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Nos trasladamos de nuevo a su aldea; Francis (director de NAFGEM), que ya ha estado en este tipo de situaciones más veces, lidió con el padre, intentando hacerle ver, que la educación de su hija era una inversión a futuro, y que esa hija, le haría ganar más teniendo una educación, que entregándola para el matrimonio a cambio de unas pocas cabras. No es que me sienta orgullosa de decir lo que voy a decir, pero sé que el hecho de que hubiera dos personas “mzungus” (blancas), presionó al padre a ceder para que nos pudiéramos traer a su hija al centro. Lo queramos o no, seguimos provocando cierto respeto entre parte de la población tanzana, en especial los masais. Lo que tengo claro, es que me da igual el motivo que haya hecho que ese padre nos entregara la custodia de su hija, lo que sé es que esta niña, cuyo nombre es Mesia, no será casada contra su voluntad.
 
Las emociones seguían acumulándose porque también hoy hemos traído al centro de rescate a Naigilegi. Naigilegi de unos 8 años y huérfana, estaba a cargo de un familiar que había dispuesto su matrimonio, como el caso de Mesia, por unas pocas cabras. En este caso ha sido su abuela quién ha venido a traerla al centro para salvarla pidiéndonos que nos la llevemos para protegerla.

Después de un largo camino estas niñas, gracias al trabajo que realizan organizaciones como NAFGEM, tienen hoy una oportunidad real de empezar una nueva vida. Ellas han dicho que quieren estar aquí, y que quieren tener una educación, que no quieren ser casadas…
 
Desde Simanjiro hasta Moshi, han podido darse un baño, cenar y  se han vestido con las ropas que les han dejado sus nuevas compañeras de vida, otras niñas que han pasado por situaciones similares y que desde el minuto cero las han tratado como sus verdaderas hermanas, arrancándoles primero sonrisas que luego se han convertido incluso en carcajadas, todo en apenas unas horas desde su llegada.

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No he podido evitar sonreir, creo que más por asombró que por lo gracioso de la situación, al encontrarme con Mesia frente a la puerta cerrada de su nueva habitación, intentado abrirla simplemente empujándola. Mesia no sabía que era ni para que servía la manilla de una puerta. El cambio para estas niñas es brutal, seguramente muchas veces doloroso, pero son tan valientes que lo afrontan con la determinación de seguir adelante con él para poder ser libres.

Haber sido partícipe de esta experiencia, es simplemente increíble. Felicidad, tristeza, asombro, orgullo, vergüenza, miedo, ira, satisfacción… todas esas emociones juntas he sentido hoy.

Elena Luna Rabanal. Voluntaria de Mundo Cooperante. Enero 2018.

 

 

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